Impotente, desolado, enfurecido, acabé por matarlo. Fue a los postres cuando todos se estaban yendo, en la gala a beneficio de una O.N.G que combate la trata de blancas y el trabajo infantil esclavo.
Lo seguí al baño. Meaba sosteniéndose el miembro con las dos manos, preso quizás de la misma excitación que observara en su lectura. Esperé que se secara las manos cuidadosamente con el papel, lo felicité por su obra y le descerrajé dos disparos en la sien.
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